Los días de lluvia son días para gente dura. Días meteorológicamente complicados en los que se ve atacada con dureza la motivación para afrontar el entrenamiento. El frío, el viento y sobre todo la lluvia, hacen que a menudo tengamos la tentación de dejar nuestra dosis de machaque voluntario para otra ocasión. Pero, ¿qué hacer en caso de que sí estemos dispuestos a combatir la adversidad pero queremos evitar los estragos de un buen chaparrón? ¿Cómo convertir un trote o unas exigentes pasadas bajo la lluvia en un entrenamiento «normal» y hasta agradable?

Les dejo algunos consejitos para salir a entrenar cuando diluvia y mojarse lo justo:
No debemos volvernos locos abrigándonos en exceso, sobre todo teniendo en cuenta que, cuando aparece la lluvia, la temperatura suele ser más llevadera. Los chubasqueros son un arma de doble filo; cuando son de mala calidad (puro plástico) no transpiran mucho, así que pueden hacer que perdamos una gran cantidad de líquido y nos deshidratemos en poco tiempo. Si en la zona por la que entrenás suele llover a menudo, lo primero es invertir en una prenda técnica de calidad, y una vez adquirida, la gran mayoría de los días (salvo frío extremo) te bastará con una camiseta fina de manga larga debajo.
Hacelo todo de seguido, minimizando, por ejemplo, el tiempo dedicado a la elongación y los trabajos de técnica de carrera previos a trotar. Imaginemos que tenemos una sesión de pasadas y se pone a llover: calentamos y acto seguido comenzamos con la primera serie, haciendo las pausas entre ellas al trote, evitando estar parados. Se sacrifica un poco la calidad del entrenamiento pero evitamos enfriarnos, que es sin duda muchos más nocivo.
Cambiate de ropa inmediatamente y, si puede ser, date una ducha calentita antes. Olvidate de estirar, no pasa nada, o si querés hacelo después de estar duchado y seco. Pero nunca estires mojado, y mucho menos mojado y al aire libre.
Me gusta salir del asfalto en los entrenamientos aunque viviendo en Buenos Aires eso es bastante difícil. Soy un apasionado de la tierra y el césped, pero si las superficies están mal tras una tormenta (con charcos), vamos al asfalto para evitar problemas de lesiones, ya que el mismo gesto de saltar charcos o esquivar zonas embarradas haciendo movimientos bruscos, puede provocar en sí mismo un problema muscular o una torcedura de tobillo

El mejor aliado contra la lluvia, en la mayoría de los casos, es una gorra. No hay sensación más incómoda mientras corremos que la lluvia molestando nuestra visión; la visera permite evitarlo, a no ser que el viento también haga de lo suyo, en ese caso deberás mentalizarte de que será un día duro en el que poco podés hacer… porque no salir a correr, no es una opción.